martes, 5 de marzo de 2013

Los errores de los defensores de Hooft.



Leo, absorto, el comunicado de apoyo al Juez Hooft firmado por Jueces, Fiscales y abogados/as de nuestra ciudad. A algunos de ellos los conozco. Algunos me merecen el mayor de los respetos en cuanto a su probidad como Jueces y Fiscales, lo cual no amerita mi silencio.
Busco adjetivos. De esos contundentes para tratar de explicar lo obvio: indignación.
Voy al texto y de él -que tengo abierto y maximizado para tratar de entender-, surgen varias cuestiones.
Primero: Los defensores mediáticos del suspendido, afirman: “estamos convencidos que el Juez denunciado no es, -ni ha sido antes-, un genocida (…)”. Un problema realmente filosófico. Es el estar- siendo. La aclaratoria “ni ha sido antes” es un furcio superlativo. Y no es menor, proviniendo de quienes proviene. Si “no es un genocida” es porque nunca lo fue. ¿O se puede no serlo ahora y haberlo sido antes?. ¿Pensaban en eso cuando lo escribían? Cualquier repaso somero a la Constitución de la Nación Argentina –y los pactos internacionales de DD.HH que la integran- dan cuenta de la no prescripción de delito “genocidio”. ¿Es eso lo que les molesta?
Segundo: afirman que Hooft “ha sido (..) uno de los más activos luchadores –precisamente entre 1976-1983 contra la tortura, los vejámenes, los apremios ilegales y los malos tratos policiales y penitenciarios (…)” dando cuenta de eso por un reconocimiento de la CIDH en Abril de 1983.
Todos sabemos – sabíamos - de la supuesta fama de Hooft en la Policía de la Provincia de Buenos Aires. De sus ingresos espontáneos a la comisarías en la cuales se practicaba la tortura, y otros relatos. Supongo que a eso se refieren los firmantes. Y deberán entender ellos que esas frases son las que causan indignación.
No es momento aquí se hacer un relato de los mecanismos de coerción aplicados por la Dictadura Militar de 1976, que –por otra parte- comenzaron bastante antes. Lo que indigna, aún en el supuesto que el Juez haya tenido esas actitudes de custodia hacia ciertas comisarías, es que la mayoría de los detenidos desaparecidos no pasaron por ellas. Es una tomada de pelo, una bravuconada a la inteligencia afirmar lo que afirman.
Siguiendo con la idea del Juez “épico”, esta resulta casi una causal de enjuiciamiento. ¿Si impedía la tortura, vejámenes, etc, a dónde los denunció? ¿Vio hechos de tortura, dónde, cómo, cuando, de quienes? Es probable que por eso se refirieran a la CIDH (Convención Interamericana de Derechos Humanos) y no al “relato” mismo. De todas formas, si hubiese pruebas concretas de sus denuncias, no hubiese llegado hasta acá el caso.
Tercero: la terminología utilizada para dar cuenta de lo que esta en juego es – como mínimo- otra risotada a la memoria. Veamos: si bien el comunicado utiliza el término “genocida” para negarlo en él, utiliza la frase “actos que se le incriminan” para nombrar los hechos concretos por los cuales el Juez fue suspendido en su cargo el día de hoy. Por supuesto en ningún lugar hace mención a que lo está esperando un Tribunal Oral Federal a que preste declaración indagatoria por delitos aberrantes en varias causas. Ni que quien denuncia es la Secretaría de DD.HH de la Nación en el año 2006. Ni que desde esa fecha viene presentando apelación más apelación sin suerte en primera, segunda y tercera instancia (Jurado de Enjuiciamiento).
En cuarto lugar y llegando a la cuestión que me parece más singular e importante, el comunicado de algunos miembros del P. Judicial y abogadxs, reza “El hecho de haber pertenecido al Poder Judicial Penal departamental durante esos trágicos momentos no puede ser considerado una pauta de responsabilidad penal objetiva (..)”. Aquí se nota la endiablada pluma procesista. Veamos de menor a mayor. La dictadura militar, el secuestro, desaparición, aniquilación, torturas, vaciamiento de la economía nacional por medio del desmantelamiento del sindicalismo combativo y muchas otras cosas, quedan subsumidas en “esos trágicos momentos”. Algo así como la tristeza ante la pérdida de un ser querido ya mayor, momentos de zozobra económica familiar, o para quien ama a su auto, el granizo de días pasados. Porque los “momentos trágicos” en el caso de la dictadura, están teñidos de rojo y no son “momentos” sino años de persecución.
Pero si todo lo anterior no fuera poco, cometen otro furcio increíble “Poder Judicial Penal departamental”. Todos sabemos – y no necesitamos si quiera pasar por la puerta de la Facultad de Derecho- que el Poder, es el “Judicial”. Y que este a su vez tiene fueros. Y el Penal es uno de ellos. Error nada casual –aunque extremadamente vulgar- porque tiende a buscar el apoyo del fuero en forma corporativa. Idea corporativa que no tuvo Hoft (aparentemente y dejo lugar a la Justicia) al desentenderse de la llamada “Noche de las Corbatas” y la suerte que corrían varios abogados de nuestra ciudad.
Ahora bien, la cuestión de fondo es: ¿se puede ser Juez Penal con las necesarias cualidades de probidad e imparcialidad – que tanto la ley como la ética demandan- en el medio de un exterminio sangriento? ¿ se podía no sólo dar lugar, sino encausar, un habeas corpus? ¿Es probable que un Juez Penal de buena fe y compromiso republicano quedara en su lugar ante tanta criminalidad estatal?
A todas esa preguntas me digo que no, que no se podía. Y a otras tantas. Es que no sólo se trata del proceso penal ante el cual Hooft tendrá que rendir cuentas. Ni de la segura – entiendo- separación definitiva de su cargo vía el proceso de enjuiciamiento –constitucional, de acuerdo a derecho y democrático- sino de algo más profundo, no necesariamente atado a un expediente judicial. Se trata de la complicidad. Se trata de que Hooft, como otros, tenían un nivel de responsabilidad mayúsculo. No eran simples docentes, porteros, empleados de la salud en un estado dictatorial. Eran y son Jueces. Que debían impartir Justicia allí dónde no la había, para eso estaban. Para decirle a una madre – no sólo que se va a ocupar del caso- sino restituirle vivo a su hijx. Para aplicar las normas del Derecho Penal. Para que todo ciudadano tenga el mínimo derecho a una defensa en Juicio.
Hace años que me pregunto por ellxs. Por quienes se quedaron dónde no debían. Digo: aquellos que sabían – con nombres, apellidos- quienes demolían la vida.
Algo similar se pensó –lentamente- al fin de la guerra en Europa. No es casual que Hannah Arendt – quien más ha pensado al horror en movimiento- haya sido Alemana y Judía. De ella sabemos que lo incomprensible, puede no serlo. Y no es casual que en la Argentina, dónde nunca se intentó por parte de familiares, amigos o militantes, hacer justicia por mano propia, la Justicia este llegando.

1 comentario:

  1. Y Ud. no sabe cuanta razon tiene, son un fraude, y no solo Pedro Hooft, toda la famialia es un clan, yo fui estafado por los hermanos, y el Juez con su particular manera de concebir la justicia los amparo, a tal punto de llevar bajo amenazas a una mujer sola de 83 anos para perfeccionar un delito de adulteracion de documentos publico, o amparas el fraude que hicieron sus padres contra el gobiernos holandes cobrando subsidio de pobreza, omitiendo que tenian casa, negocio y campo. Lo mas grave, que ningun abogado de M d P se les anima para denunciarlos, porque alegan que son una mafia, como la justicia paralela que llevan en el Colegio de abogado con su arbitrio.

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