jueves, 26 de mayo de 2011
Beatriz Sarlo en 678
Sorpresiva presencia la de Sarlo en cancha adversaria. Futbolísticamente hablando, parecía un clásico dónde uno de los equipos jugaba de local, con el referí a favor, sin tribuna de los visitantes y con estos disminuidos por cuatro expulsiones.
Más se parecía aún a una asamblea estudiantil en la cual la conducción del Centro de Estudiantes hacía una cama a la minoría.
Así y todo ocurrió. Estuvo el debate, aunque desparejo.
Habituales de 678, Carlos Barragán, Cabito, Sandra Russo, Nora Vieiras, Orlando Barone, y su conductor, Luciano Galende, con tres invitados: el filósofo Ricardo Forster, el titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación, Gabriel Mariotto, y Beatriz Sarlo.
Debo decir que guardo un profundo respeto por Beatriz Sarlo, aunque no muchas veces coincido con sus análisis políticos. Es una de las mejores intelectuales de nuestro país, con una carrera académica sostenida en un pensamiento actualizado, crítico, poderoso. Su producción editorial es esencial, en especial en los trabajos ligados al campo intelectual, posmodernidad y cultura.
Literatura/ Sociedad, libro célebre en la academia de los 80’ (escrito con Altamirano), es un lugar común para todos los estudiantes de letras, una cita obligada.
Abreva saberes en distintos campos, teoriza y critica, y sobre todo opina. Sarlo es, por lo tanto una intelectual que ejerce su rol sin temores.
Dónde escribe (ahora La Nación) es a mi juicio indistinto. Definida opositora al “proyecto nacional y popular”, hace lo suyo dónde puede.
Antes escribía columnas en la revista de Clarín, los domingos. Ensayitos acerca de la cultura urbana y su mirada. Pero mucho antes fue fundadora de Pasado y presente, “Punto de Vista” (revista que ya no se edita pero que fue importantísima en los debates culturales). “La ciudad futura”, revista de gran formato, de pensamiento político, y de clara orientación socialdemócrata.
Tuvo mucha y variada militancia política. Desde jóvenes se acerco a grupos de la izquierda, especialmente los de pensamiento maoísta. Estudió el pensamiento de la izquierda marxista europea, desde un hilo conductor intelectual que ya conocía: Antonio Gramsci.
Luego fue una de las intelectuales alfonsinistas en los ochenta, para participar luego y dentro del Club de Cultura Socialista de los “think tank” del Frepaso. Allí ya conocía a Carlos Auyero a quien había acompañada en su formación posterior a su ruptura con la Democracia Cristiana y había sido un nexo entre él y el PS francés.
Quiero decir con esto que Beatriz Sarlo es lo que en la jerga militante se denominaba “un cuadro completo”. Una formación política impecable y capacidad de conducción de grupos. No sólo es una “escritora”.
Lo ocurrido ocurrió por una invitación de 678 y por el carácter aventurero (odiaría ese adjetivo hacia ella) de B. Sarlo. Algo parecido dijo Juan Pablo Varsky y me apuro a citarlo en esta nota, corrigiéndola.
El “proyecto nacional y popular” llevó lo “mejor” que tenía.
Mariotto y Foster. No son lo mismo, pero articulan miradas similares acerca del pasado y el presente.
Fue convocada para hablar de “la crisis en España y los medios”, pero en realidad, estuvo en el panel para discutir de política cultural, y no le fue nada mal.
Seguro quedará en la historia su parada de carro a Mariotto “no seas insolente” con el dedo en alto, frente a la cual el hombre de la nueva ley de medios casi balbuceó.
Sarlo tenía a su favor su género (que aún cuenta cuando de insolencias de habla) y ese tono de mujer madura – que lo es- con sus canas bien portadas.
Las insolencias fueron varias y Sarlo aportó las suyas. La universidad de Lomas de Zamora, como un “fortín peronista” y otra ves Marioto citando mal a Jaureche y las “tilinguerías”.
No es lo único que hizo mal Mariotto. Obligado a “destrozar” a Sarlo, (obligación autoinfligida por cierto, ya que es muy probable que la Presidente respete más a Sarlo que a Mariotto) cayó en todos los lugares comunes posibles, tanto que no se entendió. No por la profundidad de sus palabras, ni por su pensamiento encriptado. Es que en realidad no tuvo una idea.
Sintéticamente: lo de Mariotto no fue decoroso. Creyó que con bravuconadas y algún lugar común podían adelantarse. No pudo.
Para comenzar el trató de “objetivar” a Sarlo como escriba de Magnetto. Es mucho y no sólo eso, es insostenible. El fuerte cruce y el “no sea insolente” derivó de allí. No cabe en la cabeza de Mariotto que alguien pueda ser opositor e independiente de los multimedios. Sarlo lo es, aunque irrite, y aunque sea poco común.
Mezcló todo. Los 30, los 90, pasando por el 55. ¿Qué sentido tiene esas fechas en ese debate? Casi ninguno, excepto su propia comparación (interna, silenciosa) con Apold, secretario de medios del Perón.
Y no es la única. Puesto en amanuense, tiró frases como “si soy peronista, soy kirchnerista” o “Néstor y Cristina nos devolvieron la dignidad al pueblo”.
La primera es una verdad de Perogrullo. La segunda una apropiación de la voz popular que Mariotto debería considerar. Ex Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de Lomas, Gabriel Mariotto, nunca tuvo en juego su dignidad socialmente. Es parte de una “elite” como les recordó Sarlo a todos los panelistas, sin que ninguna dijera nada.
Lanzó su consabido discurso pro Ley. Es su trabajo, es cierto, y está bien que lo haga, pero debería cuidar el tiempo y el lugar. No a los monopolios y no al Juez, no ayudan al debate acerca de la centralidad o no de los medios, si de su poder económico que no es lo mismo.
¿Pero qué se debatía? La primera cuestión es acerca de la gravitación de los medios en la cultura contemporánea. De aquí dos posturas intelectuales dejando de lado los grises: una “pesimista”, los medios lo determinan todo y son estructuralmente perversos y la otra “optimista”, no lo determinan todo, en realidad casi nada y además hay cosas buenas en los mismos.
Más allá de Magnetto, Herrera de Noble. La Nación (con z o c) y la tremenda apropiación de dos hijos y de papel Prensa, en ese orden de importancia y no a la inversa, esta discusión es global y no discrimina entre izquierdas y derechas.
¿Cómo es esto? Utilicé las categorías “pesimista/ optimista” que fueron usadas para otras circunstancias por varios historiadores. Analizando el avance de la “industrialización” muchos creyeron ver en ella, desde la izquierda, la destrucción de un mundo casi “ideal”, olvidando a Marx. Eran los pesimistas.
Así, y volviendo al debate global, tanto analistas de izquierda como derecha se encolumnan en una mirada pesimista con respecto al rol de los medios a escala mundial. Giovanni Sartori, cientista político imposible de ligar a la izquierda es uno de ellos. Y así lo describe en su “Homo Videns” libro, por otra, parte más que recomendable.
Es momento de decir que me inclino más a pensar las sociedades actuales atmosféricamente impregnadas por los medios. Cosa que Sarlo matiza, minimizando con inteligencia y ejemplos.
Pero lo interesante y el error grosero de Mariotto fue no debatir “eso”.
Ricardo Foster, filósofo y una de las caras más visibles de Carta Abierta, grupo formado por intelectuales –más bien, productores de bienes simbólicos- en el momento de la pelea con el campo.
Foster tuvo una actitud seria, profunda. Dispuesto a debatir y, sobre todo, a escuchar. Fueron interesantes sus críticas a Sarlo.
Rescato acá su respuesta a la noción de Sarlo sobre los sesenta como formulaciones “viejas”. No usó ese término pero estaba comprendido. Los sesenta son un paradigma olvidado para Sarlo. Lo que provenga de allí, es nulo.
Foster, simplemente, puso en valor una obviedad: por ser un esquema de dichos momentos históricos no suponen, per sé, inexactitud.
Su peor momento fue cuando reconoció no haber leído La audacia y el cálculo. Néstor Kirchner 2003-2010" (2011), libro de la escritora que para esa altura del debate estaba siendo discutido. El problema no es su no lectura, sino que sus opiniones permitieron a Sarlo decir “eso está todo escrito en mi libro”.
Barragán, pintado para muchos en el programa, encontró su lugar en una pregunta directa: Clarín es un invento una construcción paranoica, nuestra o del gobierno? Sarlo respondió como mejor sabe “Los medios en términos políticos tienen una incidencia variable, a veces inciden políticamente, a veces no. La experiencia de los escribimos en los medios es que somos muy poco leídos.”. Barragán no preguntaba acerca de la influencia, solamente, sino acerca de cómo se construyó ese multimedios. No tuvo respuesta.
La pregunta de Sarlo – nada inocente por cierto- después de otra andana contra los grupos monopólicos de los medios por parte de algún panelista “¿A dónde vas con eso, tiene que renunciar todos los periodistas de Clarín y Nación?”. Quedó ahí, pero da para continuar ese sub-debate. Vieras afirmaba lo bueno que es trabajar sin condicionamiento, pero aún creyendo a Vieiras y su falta de condicionamientos en 678, ¿qué hacen los demás?.
Lo peor de Sarlo fue su intento de contestar todo, haciéndose cargo de cada palabra dicha por el resto de los panelistas. Polemista incansable al fin, logró ubicarse dónde Mariotto y Russo querían, aún discutiendo y negando.
Lo mejor, su propia historia. Desde ese lugar puso fuera de foco a Barone, quien despotricaba con razón acerca de las artimañas de Herrera y La Nación en papel Prensa y en la ya a esta altura clara apropiación de dos hijos de desaparecidos, pero olvidaba su paso por Clarín, Ambito Financiero y La Nación. “A mi con eso no Barone, vos trabajaste en la Nación y otros medios mucho tiempo”.
Se permitió afirmar categóricamente la necesidad de los ADN más famosos del mundo y ante una insinuación de Mariotto, dejó en claro sus enormes distancias con Mauricio Macri.
Hay que elogiar este debate, dejando claro los claroscuros del mismo. Al fin de cuentas fue un debate intelectual, y como tal merece ser preciado.
Que una escala teórica – la impregnación o no societaria de la cultura mediática- haya estado justamente ahí, en un medio, es increíble. El agradecimiento final de Galende a Sarlo, fue tal hasta la médula. Es posible que el conductor esté pensando en nuevos momentos para 678. De ser una trinchera del pensamiento “popular”, necesaria y más que interesante, un viraje lento hacia un debate más abierto y por ende complejo, podría estar esperándolos.
El circuito del debate con Sarlo en 678 puede ser una prueba, de este viraje. Pasó de lo peor (a los ya mencionados momentos agregamos la angustia de Vieiras acerca de lo que se decía que cobraba en ese programa y la respuesta de Sarlo “yo traje todas las facturas de mi monotributo”) a momentos muy interesantes centrados a nuestro modo de ver en Foster/ Sarlo.
Otra historia son los usos posteriores de esta polémica. Saturó el twitter de mensajes, La Nación hizo un uso deplorable y muchos, muchísimos medios, que haces programadas de los medios, se dedicaron a él. Lo último no está mal, pero no es el centro de los problemas nacionales.
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